¿Por qué hablar
de la preocupación...?
Nos lleva la
vida aprenderlo. Nos toma tiempo saber que cuando nos preocupamos hay una parte de nosotros que no está
confiando. Porque aquello que nos preocupa nos roba la atención.
La preocupación
es la madre de las enfermedades del alma, es el espíritu del temor...
... a la muerte,
... al qué
dirán,
... al enojo de
un amigo,
... al propio
fracaso,
... a las
palabras ásperas,
... a la rigidez
de la religión.
Y esta enfermedad del alma se disfraza y produce
efectos, maneras de vivir, comportamientos, acciones; en síntesis, protegemos
lo que tenemos y tapamos lo que no nos gusta. Hay una parte de nosotros que no está confiando.
Observa las
historias aquí escritas y haz espejo, para preocuparte solo
lo justo y necesario.
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Graciela D
Amico, conferencista internacional y escritora.